Descripción
Las Marcas de una Obra del Espíritu de Dios, de Jonathan Edwards, es un clásico de la teología reformada sobre uno de los asuntos más importantes para la Iglesia: cómo discernir, a la luz de las Escrituras, si una determinada obra espiritual procede verdaderamente de Dios.
Escrito en 1741 durante el Gran Despertar de Nueva Inglaterra, Edwards responde a una situación marcada tanto por un extraordinario fervor religioso como por controversias, excesos y manifestaciones que generaban opiniones encontradas. En lugar de juzgar una obra únicamente por su intensidad, popularidad, efectos externos o circunstancias extraordinarias, Edwards dirige la atención hacia las marcas que la Escritura establece para reconocer la verdadera obra del Espíritu de Dios.
Basándose especialmente en 1 Juan 4, el autor examina primero diversas señales que no deben utilizarse como criterios definitivos para determinar si una obra es de Dios. Después presenta las marcas positivas que permiten evaluarla bíblicamente, destacando particularmente su relación con Jesucristo, la verdad del evangelio, la Palabra de Dios y los frutos de una transformación espiritual genuina.
Edwards insiste en que la experiencia religiosa debe ser sometida al juicio de la Palabra de Dios, y no al revés. El verdadero obrar del Espíritu no se identifica simplemente por lo extraordinario de una experiencia, sino por su conformidad con las verdades y frutos que Dios ha establecido en las Escrituras.
La obra concluye con una aplicación pastoral en la que Edwards muestra cómo este discernimiento debe aplicarse a la vida de la Iglesia, especialmente en tiempos de intenso interés religioso. Su propósito no es apagar el verdadero obrar de Dios, sino proteger a la Iglesia del engaño y enseñarla a distinguir entre la obra genuina del Espíritu y sus imitaciones.
Esta edición presenta una nueva traducción íntegra al español latinoamericano, realizada directamente del texto inglés de 1741 por Sendas Antiguas Publicaciones, conservando la estructura original, el prefacio de William Cooper y las aplicaciones pastorales de Edwards.






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